Era el recinto hervidero humano
en esos días, llenos a rebosar los chiringuitos;
que por algo la feria de Albacete
derrocha fama entre las mejores.
Mas no es todo alegría en el evento;
muchas son las almas que se mueven
al ritmo de la batuta del ferial,
y todos tienen entresijos en sus vidas
que los demás naturalmente ignoramos.
No faltaban por doquier los tenderetes
plantados por decenas de inmigrantes,
por féminas de color atendidos algunos
-de bellos ojos ellas-, y en algún caso
con niños a la espalda, recogidos con
ceñida gran tela de vivos colores,
luchando por ganarse la vida cada día.
En busca de un reloj,
no olvidaré nunca la gran satisfacción
de aquel fornido moreno,
al que devolví los dos que en mis manos quedaron,
cuando a la voz de “¡la policía!”,
desapareció de mi vista en un decir amén,
a cuestas la manta y su para él tan valioso contenido.
Quiso el destino dos horas después,
cuando ya tanta feria me cansaba,
que tropezara con aquel zagalón
nuevamente con su tenderete.
El apretón de manos que me dio,
mirándome a los ojos,
fue la muestra de agradecimiento más valiosa
que el más fuerte abrazo que se me haya dado.
Genito
Poner el pie en el escalón de casa
e irme sin parar, corriendo,
al lugar por excelencia de mis juegos,
eran la misma cosa cada día.
(Rodillas con heridas, casi siempre,
eran testigos de mis galopadas).
Había salido a las cinco de la escuela,
llegado a casa, al igual corriendo,
cogido suculenta merendeta
y plantado en mi habitual destino:
el último tramo de calle Somera,
donde tropieza con la del Colegio.
¡Qué gozada! ¡Qué dulce inocencia!
De la vida ajenos a sus avatares,
pasábamos allí horas y horas,
enfrascados en aquellos juegos:
Laco, píola, sevilla, remo, maisa;
"umpesi", hurda, triángulo, cangreje;
pita, zompa, guá, escondecorreas ...;
tejo, comba, dubles y ..., no acabaría.
Entrañables y añorados juegos,
que, móviles y Play Station,
-para muchos hoy una adicción-,
borrado han de la faz de la tierra.
Genito
La vida que depara tantas cosas,
nos ha vuelto a dañar con golpe duro,
en la muy traicionera carretera.
Por nuestro paraíso mallorquín,
solaz y edén de tantos visitantes,
atentos al peligro con mil ojos,
pedaleaban por un metro de arcén
nueve cicloturistas alemanes;
ese nuevo "poder" que nos invade,
la droga, de chófer disfrazada,
torpe, dañina y malintencionada,
jinete sobre su todoterreno,
los ha arrollado; porque ella es así:
inconsciente, caprichosa y ciega.
¡Maldita, destructiva droga,
que tantas voluntades roba,
haciendo una piltrafa de la mente!
¡Oh Dios! Criaturas inocentes
pasto han sido de tan grave plaga.
¿Podrá más el mal que la conciencia?
Genito.
¡Cristo ha resucitado!
“¿Por qué buscáis entre los muertos
al que vive?”
¡Alegrémosnos!
Si estamos tristes,
encerrados en nosotros mismos,
no encontraremos la Vida.
¡Abramos nuestros sepulcros sellados,
removamos la piedra
de la falta de esperanza!:
Entrará Jesús y los llenará de Vida.
Genito.